Argentavis magnificens.


Cualquiera que haya visto un cóndor de cerca se habrá sorprendido de lo grande que son estas aves, unas aves que viven en el sur de américa y alcanzan unas medidas impresionantes:

Altura: 1,5 metros.

Longitud: 3,3 metros
Peso: 15 kg.

Pero aun siendo tan grande, no deja de ser un carroñero. Simplemente, no caza, y por eso, no se puede considerar un superpredador.


Ahora os presento otra ave. Se llamaba Argentavis magnificens, era depredador y también vivía en el sur de América (Argentavis- Ave de Argentina). Las medidas son las siguientes:

Altura: 2,5 metros
Longitud: 8 metros
Peso: 80 kg.

No es por nada, pero 8 metros de longitud es como una avioneta. Y con esa envergadura de alas seguramente podría levantar animales muy pesados, tales como pequeños rinocerontes o caballos.


Pero la historia no acaba ahí, gracias a su tamaño, el Argentavis podía recurrir frecuentemente al cleptoparasitismo aprovechándose de las presas cazadas por carnívoros como los grandes marsupiales llamados Achlysictis a los cuales alejaría amendrentándoles con su tamaño.

Por esto considero que el Argentavis magnificens debe estar entre los grandes depredadores, un supredepredador.

Por cierto, vivió en el Mioceno, hace 22 millones de años mas o menos.

Deinosuchus, una mordedura mortal.

El nombre de Deinosuchus significa cocodrilo terrible. Y este monstruo hace honor a su nombre. Era un cocodrilo de hasta 15 metros de largo, y una boquita de más de 2 metros que ostentaba el récord de la mordedura más fuerte. Una mordedura con una potencia de presión superior, por ejemplo, al Tiranosaurios Rex.

Por ejemplo, si los ejemplares de los cocodrilos vivos más grandes pueden llegar a los 2.000 kg, el Deinosuchus superaba los 5.000 kg.Claro, estos son estimaciones, pero aun así, se cree que sería una de las mordeduras más fuertes de la historia.

Un verdadero superpredador que vivió hace 80 millones de años en el cretácico. Y tal y como hacen sus parientes, el Deinosuchus esperaba escondido cerca de la superficie de los pantanos y lagos hasta que una de sus presas (que podía ser cualquier animal) se acercara a saciar su sed. Entonces atacaba, mordía, sellaba sus mandíbulas y nada escapaba a sus fauces. La presa ya no podía hacer nada.